El Niño Grande

Publicado en General el 21 de Julio, 2005, 13:19 por Prime

Bueno, hoy me he quedado muy sorprendido... y aún no sé si es una sorpresa grata o de esas que hacen que te eches las manos a la cabeza: según venía en el AVE a Ciudad Real desde Madrid para ponerme a currar (esta vez es un reportaje sobre fabricación de quesos y empresas dedicadas a tal oficio) venía en mi mismo vagón un hombre, pero de los de pelo en pecho, de treinta y tantos años acompañado de su madre. No puedo decir que el hombre tuviese algún tipo de deficencia sicológica que le convierta en un minusválido (tan do moda esta palabra, aunque esto es algo que analizaré más adelante). La presencia de su madre no era más que una ayuda, pues le faltaba una pierna. Pero, insisto, sicológicamente, parecía no sólo normal.

La sorpresa ha venido cuando me he dado cuenta de que, a sus treinta y tantos, era un niño mimado, quejumbroso, de esos que no paran de decir "cuando llegamos" (literalmente) e insistía, y mucho, en fumarse un cigarro en el AVE, cosa que a mi me encantaría hacer, pero que, como todo el mundo sabe, está prohibidísimo.

Por un lado he pensado en eso, en un niño horrible cuyos padres se han esmerado tanto en mimarle y conventirle en el centro del universo hasta el punto de haberse convertido en ese monstruo. Por otro, admiraba el hecho de que una persona de su edad pudiese deshacerse con tanta facilidad de lo que se supone que se espera de él para insistir en lo que todos nos callamos: ¿porqué coño tarda tanto el AVE? ¿porqué no me puedo fumar un cigarro? y un largo etcétera de quejas que ya ni me acuerdo.

Quizás, señores, debamos mantenernos en un punto intermedio. Ni ser tan gilipollas (pues esa es la palabra que un hombre que trata de echar una cabezadita como yo aplica sobre otro que no para de lloriquear sin dejarle dormir) como ese "chaval", ni ser tan conformistas como el resto de viajeros del AVE y, ya puestos, de esta perra vida que no para de darnos envites, los cuales aceptamos con paciencia porque, al fin y al cabo, eso es lo que se espera de nosotros. Quizás deberíamos exigir un poco más de mimo por parte de nuestros semejantes y de quienes se supone deben de cuidarnos. Y no me refiero a nuestros padres, si no a todos aquellos cuyo trabajo es hacernos la vida un poquito más fácil y entre los cuales me cuento... ¿El problema? el mismo de siempre: es una actitud que debe tenerse, no frente a un curro que muchos aborrecen, si no frente a una vida que no para de putearnos.

Bueno, algo se me ocurrirá.

Un saludo.