El Truco Más Viejo

Publicado en General el 6 de Diciembre, 2005, 1:01 por Prime

Bueno, no debería hacerlo, pero os lo voy a contar:

El pasado 6 de Diciembre quedé a cenar con unos amigos. Restaurante chic en lo mejorcito de Madrid, cortesía de Vernav, y una cena memorable, como el resto, y es que es triste, pero cierto, que ninguna cena destaque por encima de las demás por el simple hecho de que todas ellas son dignas de mención. ¿Entonces porqué escribo esto y no sobre el resto de las cenas?

Muy sencillo. En esta ocasión no me apetecía quedarme hasta las mil con los amiguetes, emborrachándome y riéndome de todo lo que se me cruza. Esta noche no. Al día siguiente había quedado con una preciosidad que encima me hace un poco de caso y quería estar al 100% de mis capacidades para el evento. Esto me valió por un solemne bofetón de Verdugo. Me lo merezco, joder, ni siquiera se lo devolví, es más, me sonreí y le di un abrazo. La traición que le hacía bien merecía un bofetón y mucho más.

Después de eso, el metro. El chupito de Jack Danields se mezclaba cálidamente con el vino de mi estómago y yo comenzaba a entrar en el sopor placentero que esto proporcionaba. Desde Alonso Martínez hasta Plaza Castilla apenas hay 20 minutos que pasé dormitando, deseoso de agarrar la cama y hacerme una paja monumental pensando en el día siguiente antes de dormirme definitivamente.

Qué rápido cambió todo.

Cuando bajé del metro y salía a la calle lo hice junto a otros tres chavales. Pero estos chavales, de entre 20 y 23 años, estaban siendo echados por las gloriosas fuerzas de seguridad del metro. Lo cachondo es que uno de los colegas instaba a un guarda jurado, entre risas, que arrease a su colega con la porra por -cito textualmente- 'portarse mal'. Yo, que estaba al lado, no pude evitar el comentario:

-Parece que os mola el sado...

Poco sabía de la factura que me iba a pasar eso... bueno, a mi y a ellos. Este es un ejemplo de cómo una gilipollez puede acabar a hostias.

Cuando los chavales se deshicieron de los guardas, el tio que había sido reprendido -ya en la calle- se me acercó y me preguntó:

-¿Te hace gracia que me echen del metro?

-A mí me hacen gracia muchas cosas.

Joder, ¿Qué quería que le respondiese? Daba igual.

Así que el chaval, ni corto ni perezoso, me escupió con el típico lapo de salivilla alcoholica. Uno de esos lapos asquerosos que tuve a bien responder con uno bien cargado de moco, seguido de un segundo. Esto, evidentemente, no gustó al chaval, que se acercó y me calzó un rijostio en la oreja dejándomela calentita. Al menos, pensé, esta noche no pasaría frio. Pero no tuve los cojones a devolvérsela por miedo a que sus colegas también tomasen parte de la pelea... hasta que se me acercó para darme la segunda. No lo iba a consentir, así que le agarré y le tiré al suelo, sacando fuerzas de adrenalina, ya que, como es bien sabido, en mi puta vida me he metido en una pelea.

El chaval me miró desde el suelo, humillado y con ganas de tomarse una revancha, aunque a decir verdad, la hostia que me había dado había sido bastante más dura que su caida, así que supongo que entenderá que no permitiese que me soltase otra. Cuando vino a mi a darme la segunda, mi pierna se le adelantó y se le clavó entre los santísimos testículos, haciendo que se doblase. Como yo aún tenía mis dudas, le di una segunda, en el mismo sitio.

Al parecer, sus amigos no estaban ahí para buscar camorra, ya que lo único que decían era 'Dejadlo ya... dejadlo ya...' pero ya era tarde. Unas luces azules anunció la llegada de la policía. Registro, toma de datos y a casita a dormir. Por fortuna, parece ser que no llegará multa.

En fin, que si yo me voy con la oreja caliente, él se va con los güevos hirviendo. Esta noche no se hará la paja de antes de dormir. Yo sí, que mañana tengo que ver a la chica y tengo que estar relajado...